El Chullachaqui: "Leyendas de la Amazonía Peruana"

El Chullachaqui, enano o un demonio de la selva cuyo nombre proviene de los términos quechuas "disímil" o "diferente" (Chulla) y "pie" (Chaqui), esto es “los pies disímiles o diferentes.”


Según la leyenda de la Amazonía Peruana, este enano del bosque tiene la habilidad para transformarse en cualquier otra persona que él desea para engañar a los visitantes o personas locales que viven en la selva. Él puede aparecer como un miembro de la familia o un amigo, conduciendolos hacia caminos equivocados, llevándolos a lo más profundo de la selva y luego dejarlos allí, perdidos.


Para un niño, el Chullachaqui muchas veces aparecerá como otro niño u otro compañero de juego. En este disfraz, el Chullachaqui malvado tratará de atraer con engaño al niño hacia el bosque. La única forma para descubrir la identidad verdadera del Chullachaqui es mirar a sus pies, como uno de sus pies es deformado. Consecuentemente, él tratará de esconder sus pies.

Al ser descubierto, el Chullachaqui escapará a lo más profundo de la selva.

Quienes dicen haberlo visto, sostienen que usa un gran sombrero de paja que oculta un rostro arrugado, en la que destaca una prominente nariz, orejas puntiagudas y ojos rojos.

 La Fabula del Quilpa.
 
“En los lugares más remotos de la Amazonía peruana, y desde tiempos inmemorables, existen seres escurridizos y misteriosos conocidos con muchos nombres, pero nunca olvidados… Uno de ellos, es un intrépido y audaz duendecillo, bautizado como Quilpa, por la Madre Naturaleza. Dícese que Quilpa vivía en lo profundo del monte, donde era protector de todas la criaturas.

Un día, un agricultor, soñador y trabajador, empezó a cosechar café en su territorio. El agricultor, activo en su labor diaria, no sabía que Quilpa lo observaba con curiosidad, atraído por su talante reflexivo…

Después de muchos meses de trabajo, el hombre pudo volver a casa para descansar a la espera de su nueva cosecha.
Fue entonces que Quilpa, preso de curiosidad por la hazaña del agricultor, se abalanzó sobre el cafetal, extasiado con los coloridos y aromáticos frutos…

Poco tiempo después, el agricultor regresó a su parcela y se quedó admirado al ver a Quilpa retozando en su cafetal, frenético y enajenado, embebido por el goce del café. El hombre supo de inmediato que esta criatura alegre y mágica, iba a ser su gran compañero, se le acercó y lo saludó con la mirada. Quilpa, audaz y curioso también quiso acercarse a él…
Fue entonces que nació el encanto, el agricultor le ofreció sus mejores granos de café y a cambio, Quilpa le dio buenaventura y abundancia.”

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